El día de hoy prometía ser largo y muy cansado. Tras desayunar nos pusimos en marcha cogiendo el carril bici situado en el margen derecho del río, un tramo muy tranquilo. Tras unos seis kilómetros el carril bici se acaba y tenemos que coger la carretera con un poco de tráfico.

Cruzando con el ferry

Cruzando con el ferry

A unos cuatro kilómetros más adelante tomamos un desvío a la derecha para poder cruzar el río con un ferry hasta Szob, ya que había carril bici y además era la ruta recomendada para disfrutar de las vistas que nos iba a brindar otro de los famosos meandros del Danubio, el recodo que realiza el río en Visegrad. El ferry tardo un poco y nos fuimos juntando un grupo bastante amplio de ciclistas. Nada más llegar al otro lado cogimos una carretera que iba cuesta arriba, luego una bajadita y rápidamente enlazamos con el carril bici y las espectaculares vistas. Conforme avanzábamos veíamos como iba apareciendo imponente el castillo de Visegrad en lo alto de la montaña. Llegamos hasta Nagymaros para volver a cruzar con el ferry a Visegrad. Nos hubiera gustado visitarla, pero teníamos muchos kilómetros por delante y el pueblecito tenía mucho para ver como la Ciudadela, la Torre de Salomón y el Palacio Real.

Visegrad

Visegrad

Las vistas desde arriba debían de ser muy bonitas, así que si disponéis de tiempo y ganas hacer una paradita aquí. Nosotras dimos una pequeña vuelta y la verdad estaba muy animado, nos abastecimos en un supermercado y continuamos con nuestra ruta por el margen derecho hasta Tahi, ya que queríamos coger el puente hasta Tahitótfalu en Szentendrei Szige, la isla que queda en medio del Danubio. Nada más cruzar vimos una terraza muy animada y paramos a tomarnos un merecido helado.

Szentendrei Sziget

Szentendrei Sziget

Continuamos por la isla. La verdad era muy tranquila. Se circula por carretera, pero con muy poco tráfico, nos salimos de los caminos tradicionales, pero no había mucho que ver. Decidimos volver a tomar el ferry pasado Pócsmegyer. Al cruzar encontramos un sitio muy agradable donde decidimos parar a comer y echarnos un ratito. Tras el pequeño descanso nos fuimos a Szentendre un pueblo de artesanos, artistas y pintores. Vale la pena darse una vuelta es muy bonito y animado, además a tan solo unos 3 kilómetros hay un interesante museo etnográfico al aire libre (Skanzen), donde empaparse de la cultura campesina húngara.

Pueblo de Szentendre

Pueblo de Szentendre

La verdad el tiempo entre el paseo y las tiendas voló y todavía nos quedaban unos 20 kilómetros para llegar a Budapest. Desde Szentendre se puede coger un ferry hasta Budapest muy recomendable, para ir más tranquilos. Nos apetecía entrar a Budapest por la orilla del río ya que cuando lo hicimos en Viena nos pareció precioso, pero la entrada a Budapest no lo fue tanto, ya que se nos hizo de noche, estaba todo en obras y en más de una ocasión la ruta se desviaba teniendo que hacer cada vez más kilómetros. ¡Fue un poco desesperante!.
A la entrada de Budapest habían muchos chiringuitos a orillas del río y teníamos que ir sorteando a los camareros que pasaban con suculentos manjares. La ciudad iba apareciendo poco a poco y con la iluminación nocturna estaba muy bonita, pero no estábamos para apreciarlo, todavía teníamos que cruzar toda la ciudad para llegar a nuestro hotel. Eran cerca de las nueve de la noche cuando conseguimos llegar y dejar las bicicletas. Estábamos destrozadas, pero muy contentas de haber hecho nuestra segunda ruta, llena de contrastes. Ahora lo único que queríamos era ducharnos, comer algo y dormir. ¡Aún nos quedaban cinco días para disfrutar de esta bonita ciudad!

Del 24 al 27 de agosto. Budapest