Tuvimos que madrugar bastante ya que nuestro vuelo salía del aeropuerto de Alicante a las 07.50 con destino a Nueremberg donde tuvimos que esperar varias horas para conexionar con nuestro vuelo que nos llevaría a Viena. ¡Los aeropuertos son duros y hay que tener paciencia!Llegamos a Viena a las 19.00 horas. Como hicimos el año anterior mientras Almudena y Alicia esperaban el equipaje yo me acerqué a la oficina de turismo para comprar los billetes de tren para ir a nuestro hotel. Cogimos la línea S7, paramos en Wien Nord/Praterstern y una vez allí cogimos la línea U1, dirección Kagran, parada de nuestro hotel, el Donauzentrum.
El hotel esta bastante bien y aunque no es céntrico tiene muy buenas conexiones y es perfecto para empezar la ruta. Nada más llegar nos dirigimos a recepción donde nos dieron toda la documentación del viaje, bonos, mapas, datos informativos, libro de ruta… eso sí todo en inglés. La recepcionista nos comentó que al día siguiente habría una reunión para explicarnos la tónica del viaje. Las bicicletas estarían preparadas en el sótano del hotel. Nos insistió en que pusiéramos las pegatinas en las maletas y las bajáramos a recepción por la mañana. (Ya comentamos la importancia de las etiquetas en nuestra primera ruta). Por último nos dio tres vales para que tomáramos una copa de bienvenida en el pequeño bar del hotel. Tal y como hicimos el año anterior subimos a comprobar la documentación, luego nos duchamos y salimos a cenar.

Cerca del hotel hay un centro comercial grande. Tras entrar vimos varias áreas de ocio y restauración. Nos dirigimos a esta última y tras barajar las diferentes posibilidades decidimos cenar en un griego. Nos tomamos una sopa, la cual nos reconfortó y una mousaka que nos hizo saciar el hambre de un día de comidas irregulares a base de bocadillos. Tras llenar nuestros estómagos nos sentimos más relajadas y con impaciencia por comenzar la ruta. Nos dirigimos al hotel para ir al pequeño bar que había en recepción para tomarnos esa copa de bienvenida y continuar charlando sobre las expectativas y la ruta que tomaríamos al día siguiente. Después de pasar un rato agradable decidimos subir a la habitación e irnos a la cama dónde comenzamos a oír como la lluvia golpeaba con fuerza las ventanas, acompañada de truenos y relámpagos. Las tres deseábamos que fuera una tormenta de verano ya que la etapa del día siguiente prometía ser un poco dura, teníamos unos 60 km por delante.

Día 2: Etapa en bicicleta Viena – Petronell