Nos despertamos a las 7.15. Nos alegró ver que no llovía aunque el día estaba nublado. Tras equiparnos para la ruta pusimos en dos bolsas de basura lo que nos íbamos a llevar en las alforjas; un jersey, agua, anorak… de esta forma si llovía no se mojaría nada, ya que las alforjas no son impermeables. Hoy desde luego no íbamos a necesitar el bañador. Tras el desayuno, sobre las 8.30, nos dirigimos a la sala de reuniones. Allí nos informaron, en inglés, de cómo se iba a desarrollar la ruta. Se aseguraron de que todos teníamos los bonos de los diferentes hoteles, y de que habíamos puesto las etiquetas en las maletas y bajado las mismas a recepción.

Viena. Comienza la ruta

Viena. Comienza la ruta

La reunión no se alargó demasiado ya que la información era clara, es cierto que nosotras jugábamos con ventaja ya que ya habíamos hecho una ruta cuya logística era similar. Tras aclarar algunas dudas nos dieron un ticket a cada una con un número y nos dirigimos al sótano. Allí vimos decenas de bicicletas y teníamos que buscar aquella que coincidiera con nuestro ticket, afortunadamente estaban de las primeras. Pensamos que habíamos tenido suerte y que nos pondríamos en camino en seguida, pero nos equivocamos. Se equivocaron con mi altura y me dieron una bicicleta demasiado alta para mí y no resultaba nada cómoda, así que tuvimos que esperar hasta que me la pudieron cambiar por otra. La bicicleta iba acompañada con un kit de reparación por habitación, una bomba de aire, un candado con su clave y un chaleco reflectante, obligatorio usarlo en Hungría en caso de niebla. Tras probar las bicicletas nos pusimos en marcha. Al final salimos sobre las 11.00 de la mañana.
El día en esta ocasión no acompañaba, hacía frío y viento. Tuvimos que parar para abrigarnos un poco. Nos liamos un poco para salir de Viena, fue complicado, por lo que añadimos algunos kilómetros más a la ruta. Teníamos ganas de coger la ruta, pero el tiempo era desapacible y el viento cada vez que venía de cara nos impedía avanzar. Al final conseguimos salir de la ciudad y comenzar la ruta propiamente dicha.

Comiendo en un chiringuito de Schönau

Comiendo en un chiringuito de Schönau

A media mañana pasamos por Schönau, un pueblo pequeño y muy tranquilo donde decidimos parar en un chiringuito para comer algo, ya que después pasaríamos por el parque nacional de Donau-Auen y según la guía facilitada (Radarlaub), no veríamos un pueblo en varios kilómetros. El chico que nos atendió nos sugirió una variedad de salchichas. Estaban muy ricas.
Tras reponer fuerzas continuamos nuestra ruta. Ya no hacía tanto frío y la ruta fue más agradable. Pasamos por el parque nacional de Donau-Auen donde se encuentran uno de los principales humedales de centro europa, cuya extensión es de unos 9.300 hectáreas y discurre a lo largo del Danubio en 36 km.

Parque Nacional de Donau-Auen

Parque Nacional de Donau-Auen

Tras recorrer varios kilómetros, divisamos un enorme puente que supusimos que era el que cruzaba el Danubio dirección a Bad-Deutsch-Altenburg. Al llegar a su altura lo cruzamos para ir al margen derecho, la vista es muy relajante. El puente pasa por encima del Danubio, por debajo vemos varios canales, es una zona boscosa, todavía estamos en el parque nacional. Es un regalo para la vista. Para ir a nuestro hotel debemos retroceder unos cinco kilómetros. Tras varias cuestas llagamos a nuestro primer destino Petronell-Carnuntum, tras subir la última cuesta vemos nuestro ansiado hotel el Mark Aurel. Eran las 18.30 horas.
Dejamos las bicicletas en el garaje habilitado para ello. Estábamos bastante cansadas, así que tras una ducha bajamos al restaurante del hotel a cenar. Nos tomamos una sopa, seguido de un plato combinado, y no se si fue el descanso o el hambre saciado, pero nos supo a gloria. Tras comentar lo que haríamos al día siguiente nos fuimos a la cama.

Domingo, 17 de agosto. Petronell-Bratislava (38 km).