Después de desayunar en la estación central  cogimos un tren con destino a Trier (Tréveris). Hay que hacer trasbordo en Coblenza. Salimos a las 10,00 de la mañana y tarda una dos horas hasta Coblenza,  enlazamos 15 minutos después con otro tren hasta Trier que dura una hora y media más. Hay que comprobar siempre los mejores precios, ya que dependiendo del tipo de tren el precio puede variar bastante. Nosotros al final pagamos 42€, los menores de 5 años no pagan, pero había tarifas de hasta 130 €

Comiendo en Trier

Comiendo en Trier

Al llegar a la estación de Trier cogimos un taxi y fuimos al hotel que estaba en pleno centro, justo enfrente teníamos una calle peatonal (Neustrasse) que te llevaba directamente al casco antiguo. Al ser domingo todo estaba cerrado y no había mucho ambiente. Además hacía muchísimo calor. Buscamos un sitio fresco para comer y lo encontramos. Una de las cosas que siempre nos han agradado a la hora de viajar por centroeuropa, sobretodo desde que viajamos con la peque de la casa, es que en cuanto ven que vas con niños, siempre te sacan algo. En este caso le sacaron un cubilete lleno de lápices de colores y un menú infantil, para colorear, así que tras elegir podía dejar volar su imaginación. A Yaiza le encanta!!!.

Hauptmarkt (plaza del mercado). Trier

Hauptmarkt (plaza del mercado). Trier

Tras reponer fuerzas, decidimos conocer esta ciudad fantasma, que al parecer iba despertando de la “siesta”,  las calles se empiezan a llenarse de gente y el calor ya no aprieta tanto. Esta ciudad merece una visita, no le defraudará en absoluto.

La ciudad de Trier (Alemania), se encuentra a unos diez kilómetros de Luxemburgo, a 35 km de Francia y 50 km de Bélgica. Tréveris como se conoce en castellano es la más antigua de Alemania, fue bautizada en el siglo III,  como la “segunda Roma”. Actualmente  cuenta con una gran riqueza cultural, y en 1986 la Unesco  declarada Patrimonio de la humanidad a la ciudad de Tréveris, a sus monumentos romanos como la Puerta Negra, los baños, la Basílica de Constantino, la Columna de Igel, el anfiteatro y el puente romano, así como la catedral de San Pedro y la Iglesia de Nuestra Señora, debido al estado de conservación de sus monumentos convirtiendo la ciudad en un testimonio excepcional de la civilización romana.

Porta Nigra (Puerta Negra). Tréveris

Porta Nigra (Puerta Negra). Tréveris

Yaiza estaba en plena siesta y nos dirigimos a conocer algunos de sus atractivos que no son pocos. Entre ellos la Puerta Negra, emblema de la ciudad (180 d.C), es la puerta romana mejor conservada al norte de los Alpes. Justo al lado, a las puertas de Museo de Simeonstift, oímos música, y como siempre hacemos vamos a averiguar de que se trata.  Casualmente se está celebrando un Festival de Música abierto al público. Nos sentamos en una de sus mesas y disfrutamos del ambiente frente a una copa de riesling, como no podía ser de otra manera, ya que la región de Tréveris está considerada como la cuna de la cultura vinícola alemana, cuenta con una de la mayores regiones de cultivos de vino a orillas del río Mosel, como podremos comprobar a lo largo de la ruta, así como de los ríos Ruwer y Saar.

Tras disfrutar del momento decidimos continuar con nuestra expedición.  Yaiza se despertó y compramos un helado mientras paseábamos a lo largo de la calle dónde destacan las típicas casas blancas con entramado de madera. Llegamos a hasta las ruinas de las Termas Imperiales (Kaiserthermen), (siglo IV) una de las termas romanas más grandes de mundo,y aunque no pudimos entrar eran espectaculares desde fuera.

Palacio electoral y jardines. Tréveris

Palacio electoral y jardines. Tréveris

Continuamos por los jardines de Palacio (Palastgarten), precioso disfrutamos mucho del paseo hasta llegar al palacio electoral de la ciudad (Kurfürstliche Palais), es un palacio rosado de estilo rococó. Muy cerca se encuentra  la Basílica de Constantino, y la catedral.

En una palabra nos perdimos por la ciudad y llegamos hasta el río Mosela, para conocerle, ya que iba a ser nuestro compañero de viaje durante los siguientes días. Caminamos hasta llegar a al puente romano y ya cansados regresamos al hotel para que nos entregaran las bicicletas. Había sido un día completito.