Tras desayunar salimos a las 9.15 del hotel. Hoy el día también acompaña, así que nos tuvimos que poner crema solar para evitar quemaduras. Al pasar por la plaza del pueblo nos encontramos con un concurrido mercadillo y aunque nos tienta la idea de parar decidimos seguir , ya que queriamos hacer la visita al campo de concentración de Mauthausen. El pueblo de Mauthausen se encuentra en el margen izquierdo, a escasos 6 km de Enns. Existen dos posibilidades para cruzar el río; cruzando el río Enns y luego el Danubio a través de puentes o cogiendo el ferry (2€). Escogemos la segunda opción. Tuvimos suerte con el ferry ya que cuando llegamos estaba esperando a gente, así que en poco tiempo embarcamos y nos pusimos rumbo a Mauthausen.
Nota: Los embarcaderos vienen bien señalizados, pero pueden pasar en algunos casos desapercibidos. Los barcos son pequeños, pero no suelen estar muy llenos. El más concurrido es el de Schlogen, ya que es el único medio para acceder al hotel.
Cogiendo el ferry hacia Mauthausen

Cogiendo el ferry hacia Mauthausen

Según la guía, desde el pueblo para ir al campo de concentración, hay dos posibles rutas, una larga que pasa por Marbach con una pendiente larga, pero menos inclinada y una más corta pero con más pendiente. En un principio decidimos subir por la larga, pero al final, no recuerdo bien lo que paso, pero terminamos cogiendo la ruta corta. La cuesta era muy dura y una a una fuimos bajando de la bici para subirla andando, además el sol apretaba ese día. Fue corto, pero agotador. Sobre las 1030 llegamos al campo de concentración.
Campo de concentración de Mauthausen

Campo de concentración de Mauthausen

La visita nos impresionó a las tres. Nada más entrar nos facilitaron un radio – cassette con una cinta en español que iba explicando las diferentes áreas; los barracones, la cámara de gas, el crematorio, los monumentos que representan a los países que sufrieron la barbarie y la cantera de granito con su impresionante “escalera de la muerte” con cerca de doscientos escalones, donde murieron muchas personas. Por ella subían cargados con las piedras de la cantera que pesaban cerca de 20kg.
Escaleras de la muerte

Escaleras de la muerte

Nuestra visita terminó sobre las13.30 y la verdad es que salimos con mal cuerpo… por mucho que a una le cuenten, hay que verlo y sentirlo, para que cosas así no vuelvan a suceder jamás.
Afortunadamente al salir tenemos un buen trecho cuesta abajo con lo cual no hacía falta pedalear. La sensación era de libertad, como si el aire nos estuviera liberando de esa tristeza. Seguimos pedaleando pasando por Albern y Au, un paseo muy tranquilo y agradable. Llegamos a Scheigen donde hacemos una parada técnica para refrescarnos. En la guía vimos que había una zona de baño pasado Eizendorf y pensamos que podría estar bien comer allí. Continuamos la ruta hacia Mitterkirche, cruzamos Mettensdorf y una vez pasado Eizendorf nos encontramos con el lago y con una mesa vacía con vistas estupendas. Ninguna lo dudamos, sería el lugar ideal para comer. Fue muy agradable.
Comiendo de camino a Grein

Comiendo de camino a Grein

Cuando nos estábamos preparando para reemprender nuestro camino nos encontramos con un matrimonio joven y su hija que estaban dando un paseo en bicicleta. Tras acercarnos para que nos hicieran una foto nos pusimos a hablar con ellos y nos comentaron que eran de Grein. Nos aconsejaron subir al castillo, y como no tomarnos un helado cerca del centro y a orillas del Danubio.
Llegando a Grein

Llegando a Grein

Sobre las 17.30 horas llegamos a Grein, ciudad medieval. Destaca el teatro Municipal que data del siglo XVIII y es el más antiguo de Austria que se encuentra en la plaza del pueblo, justo enfrente de nuestro hotel, el “Goldenes Kreuz”.
Centro de Grein. Hotel “Goldenes Kreuz” de color amarillo y teatro de color blanco

Centro de Grein. Hotel “Goldenes Kreuz” al fondo de color amarillo y el teatro a la izquierda de color blanco

Tras “aparcar” nuestras bicis y dejar las maletas damos un paseo y subimos al Castillo de Greinburg que ya estaba cerrado, pero nos sentamos en unos bancos para disfrutar de las impresionantes vistas.
Vistas desde el Castillo de Greinburg

Vistas desde el Castillo de Greinburg

Después bajamos y nos dirigimos a tomarnos un macro helado. La recomendación valió la pena.