Salimos sobre las 10.00 de la mañana y las calles están muy animadas con todos los comercios abiertos, muy diferente del ambiente festivo del día anterior. En esta ocasión no puedo hacer el trayecto de Györ a Tata debido a un dolor en la corva y al ser la etapa larga y con subidas y bajadas no me quiero arriesgar, así que decido coger un tren hasta Tata que está a menos de una hora. Me dio pena no poder completar la ruta, pero más tarde me alegraría.
Almudena y Alicia comentaron que les costó mucho salir de la ciudad, les llevó casi una hora conseguirlo. Las indicaciones son muy malas, están bastante liadas y crean desconcierto. Al final un simpático barrendero en su bici las acompañó para encontrar el camino correcto. ¡Fue desesperante!
Pasaron por Nagyhegy y Szölöhegy donde observaron que además de no mejorar las indicaciones, el camino esta sin asfaltar. Este trayecto había sido bastante cansado. Cuando enlazaron con la carretera, a pesar del tráfico, se agradecía los carteles informativos y el pavimento firme. En Böngrétalap tomaron un refresco y continuaron por Bana, Balbona y Nagyidmand. A partir de este pueblo a Ács les sorprendieron numerosas subidas, ya que no aparecían reflejadas en el mapa y eran agotadoras. Desde allí hasta Tata desgraciadamente continuaron desgraciadamente las subidas y bajadas. ¡Agotadas! Llegaron a Tata a las 17.00 horas. No fue para nada una ruta para disfrutar.
Yo por mi parte llegue a Tata a las 11.30 horas y el tren me dejó en uno de los andenes. Para salir de la estación tengo que subir por un puente peatonal muy estrecho y con numerosas escaleras. Cosa que no resulta fácil ya que las alforjas siempre las llevábamos a tope. Aquí empiezo a notar y así seria a lo largo de la ruta que las infraestructuras no son muy adecuadas en absoluto. No quiero pensar las dificultades que tendría una persona minusválida. En la estación me encontré con una chica, Ursula, que me ayudo con las alforjas. Resulta que había estado estudiando en la Universidad de San Vicente del Raspeig en Alicante y estaba encantada de poder practicar su español. Estaba esperando a dos amigas suyas. Me invitó a quedarme con ella y pasar la mañana y así hice. Fueron muy amables y me enseñaron la ciudad de Tata, la cual se encuentra en un valle entre dos montañas, Gerecse y Vértes, es por ello que cuenta con numerosos lagos, manantiales y canales. Es un pueblecito que emana tranquilidad. A la hora de comer decido dejar a mis nuevas amigas. Almu y Alicia me habían enviado un msm de que iban a llegar mas tarde, así que decido dar una vuelta por uno de los lagos, el lago Óreg-tó, (Lago Viejo), el más grande. Es estupendo y recomendable, con mucha vegetación. Veo un sitio ideal para comer con vistas a un bonito castillo del siglo XIV. Hay gente bañándose y otros haciendo remo. Después de comer decido visitar el otro lago (Cseke-tó), donde había gente pescando y un bonito jardín inglés con pequeñas cataratas y numerosos senderos. Tras mi pequeña excursión decido comerme un helado en una terraza muy familiar y leer un rato. En ese momento recibo la llamada de que por fin mis compañeras habían llegado.

Una merecida cena a orillas del lago

Una merecida cena a orillas del lago

El castillo "desolado" iluminado

El castillo “desolado” iluminado

Estaban muy cansadas, así que fuimos a pegarnos un baño al hotel y luego a buscar un sitio para cenar. Lo hicimos en un restaurante a orillas del lago Viejo. Nos sentó de maravilla, comentamos nuestras experiencias del día y pasamos un rato agradable. Después compramos un helado y dimos un paseo hasta el castillo que estaba iluminado. Había sido un día completito, cada uno lo había “disfrutado” a su manera.

Viernes, 22 de agosto Tata-Esztergom (62 km)