Hoy comenzamos la ruta. Salimos a las 11,00 de la mañana. La ruta se presenta muy tranquila y muy bien señalizada. Salimos por el margen izquierdo. Existe una ruta alternativa por el lado derecho para hacer una excursión por el  “valle de Ruwer”, pero es cuesta arriba y con la peque decidimos ir directamente hacia nuestro destino. Pasamos por Pfazel un pequeño pueblo amurallado y  por Ehrang.

Parque infantil al lado carril bici. Río Mosela

Parque infantil al lado carril bici. Río Mosela

Por el Río Mosela en bicicleta, de Trier a Trittenheim.

En medio de la ruta encontramos un parque ideal para hacer una parada para tomar algo de fruta y para que  Yaiza se desfogara un poco. Empieza a llover. Metemos a la princesa en su “trolley impermeable” y nos ponemos en marcha. La lluvia amaina por  Issel y un poco más adelante vemos una zona de camping y ocio con un pequeño embarcadero. Hay incluso un circo itinerante. Al ser la 13,30 decidimos para comer e intentar acostumbrarnos al horario austriaco.

Parada técnica. Río Mosela

Parada técnica. Río Mosela

Comemos en una terraza y la lluvia empieza a apretar, pero las grandes sombrillas nos mantienen secos. Sobre las 15,30 nos ponemos en marcha. Cruzamos el río por el puente para ir por el margen derecho. Pasamos Longuich, Riol y a la altura de Neuberg, enfrente de Scheich (margen izquierdo) nos encontramos con una esclusa y un barco de carga de unos cien metros de eslora que nos venía acompañando por el río desde hacía bastante tiempo. Paramos para ver las maniobras para superar el desnivel del río. El barco apenas pasaba por el canal, resulto ser todo un espectáculo y numerosos ciclistas iban parando para curiosear también. Yaiza disfrutó un montón.

Maniobras en una esclusa en el Mosela

Maniobras en una esclusa en el Mosela

Continuamos por Detzem, Thornich y en Lowerich paramos en un parque estupendo, ya que la peque tras dormir su siesta se había levantado con hambre, así que un plátano y a disfrutar.

Es un sitio genial, ya que tiene una especie de pediluvio con agua helada  y una zona con pequeños geiseres, ideal para refrescarse, ya que tras el pequeño chaparrón el sol empezó a apretar de nuevo.  Sobre las seis de la tarde llegamos a Trittenhoim, un pueblo pequeño y vinícola, como no.

Tras ducharnos fuimos a dar un pequeño paseo, visitamos la abadía de San Matias y la orilla del río Mosela con numerosas autocaravanas. Un sitio ideal para hacerlo.

Nuestro anfitrión. Trittenheim

Nuestro anfitrión. Trittenheim

Durante la cena en el hotel, el dueño muy amable, nos agasajó con un gazpacho andaluz “a la alemana” además un amable osito (pertenece al dueño) nos acompañó durante la cena y quiso dormir con Yaiza. ¡Estaba encantada!