Hoy día libre. Tras desayunar decidimos dar un  paseo por el pueblo. El pueblo consta de una larga calle peatonal, eso sí muy animada, pero no hay demasiadas cosas que hacer en el pueblo.

Zell ad Mosel.

Zell ad Mosel.

Día extra en  Zell ad Mosel, “barbacoa en Marienburg”.

La idea original era subir en bicicleta hasta Marienburg, pero tiene una cuesta muy pronunciada y con el carro y la niña nos daba un poco de pereza, pero encontramos la solución perfecta, justo enfrente de la oficina de turismo vimos en la calle un cartel que decía “barbacoa en Marienburg”. Te incluía traslado en un carromato típico (planwagenfahrt)  con degustación de vinos de la zona y luego una vez en Marienburg había música y una barbacoa donde abastecerse.

Planwagenfahrt. Los carromatos del vino. Rio Mosela

Planwagenfahrt. Los carromatos del vino. Rio Mosela

No lo dudamos así que nos apuntamos en la misma oficina de turismo. Así que esa mañana decidimos cruzar el puente para ir a Kaimt, mucho más tranquilo. Vimos que a orillas del río estaban decorando unos curiosos carromatos tirados por tractores y decorando la calle con luces, preguntamos y nos comentaron que estaban haciendo los preparativos para el festival del vino que se iban a celebrar durante el siguiente fin de semana. Hacía mucho calor y decidimos volver al hotel y darnos un baño en la piscina climatizada. Después a comer y siesta, esta noches teníamos “marcha”.

La fuente del gato negro. Zell. Mosela

La fuente del gato negro. Zell. Mosela

A las seis en punto fuimos al punto de encuentro en  “Schwarze Katz”, la fuente del gato negro, símbolo del pueblo con su propia leyenda.

Tras subir al carromato subimos dirección a Marienburg, pero no por la carretera, sino por la ladera, donde se encuentran los viñedos. En un momento dado el conductor para el tractor, saca una nevera y de dentro unos vasos, vino tinto y blanco de la zona para degustar mientras continuamos nuestro ascenso, para Yaiza un refresco, todo un detalle.

Llegamos a Marienburg, un antiguo convento, que se convirtió en fortaleza y actualmente es un centro de formación para los jóvenes de una diócesis. La mayoría del grupo, eran todos mayores de 60 años fueron directamente a la barbacoa y al baile, pero nosotros decidimos subir a  la torre de observación para subir y ver unas vistas de 360º que desde lejos prometían, y así fue. ¡Era espectacular las vistas del meandro!.

Torre Prinzenkopf. Maurienburg. Mosela

Torre Prinzenkopf. Maurienburg. Mosela

Vistas desde Torre Prinzenkopf. Maurienburg. Mosela

Vistas desde Torre Prinzenkopf. Maurienburg. Mosela

Sobre las ocho regresamos al convento para comer y disfrutar de la música, muy de andar por casa, uno tocaba un instrumento y el que hacía la barbacoa cantaba de vez en cuando. Cenamos algo y Yaiza bailo con unos holandeses que habían venido en el tractor con nosotros. Se había convertido en la nieta de todos ellos. A las nueve regreso al hotel. Durante el descenso, esta vez por la carretera empieza a llover. La excursión fue algo inesperado y una bonita experiencia, lo pasamos realmente bien.