El día como era de esperar está muy nublado, así que después de desayunar, cogemos los paraguas y bajamos en autobús al centro de Constanza que está a tan solo cinco minutos. Paramos en la estación central de tren (Bahnhof) para dar una vuelta por la ciudad. Nos adentramos por la calle Marktstätte en enfrente de la estatua giratoria “Imperia”, situada en la bocana del puerto, es una calle peatonal con terrazas y tiendas, muy animada, pasamos por la fuente Imperial y por Obermarkt, una importante plaza donde en la época medieval era el centro de juicios, ejecuciones, zona del comercio de madera y vino, y también de espectáculos públicos. Destacan también los edificios, antiguas casas de huéspedes como el Zum Egli y Zum Kemlin (El camello), ahora llamado Hotel Barbarroja que rememora el Tratado de Paz de Constanza firmado en 1183 entre el emperador Federico I (Barbarroja) y las ciudades de la Liga Lombarda. Vale la pena perderse por las calles de esta bonita ciudad.

Día extra en Constanza. Isla de Mainau.

Obermarkt. Constanza

Obermarkt. Constanza

Muy cerca de la plaza esta el conjunto del Ayuntamiento de la ciudad compuesto de varios edificios, teniendo dos entradas por Kanzleistrasse y por Augustinerplatz. Empieza a llover con intensidad, así que aprovechamos para buscar un sitio para comer en Rosgartenstrasse, otra calle con mucho ambiente.

Tras comer decidimos visitar el museo Rosgarten, ubicado en un edificio gremial medieval donde tiempo atrás albergaba entre otros una carnicería, una panadería y una famacia. En su interior se encuentra una importante colección histórica de arte y cultura de la región de Bodensee (Lago Constanza). Con la entrada viene incluido una taza de café en su acogedora cafetería.

Una vez terminada nuestra visita, nos llevamos la grata sorpresa de que la tarde se ha arreglado y ya no llueve, así que decidimos coger un autobús para visitar la Isla de Mainau, o isla de las Flores, como también se la conoce. Se encuentra a unos 10 kilómetros y se puede ir en bici, pero hay que dejarlas fuera, ya que no están permitidas dentro de la isla. El parque cierra a las 20.30 horas. Al llegar a las 17.00 horas, la entrada cuesta 9 euros, la mitad de su precio normal, la idea era pasar el día en la isla, pero al estar lloviendo decidimos ir por la tarde. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las cosas están cerradas, como algún restaurante, la casa de las mariposas, el Castillo de Mainau…, pero el mayor atractivo es pasear y disfrutar de sus 45 hectáreas, nosotros desde luego no queríamos irnos sin verla, realmente vale la pena, es precioso. No olvidéis recoger un plano de la isla a la hora de pagar la entrada, os ayudará a situaros.

Nada más entrar cruzamos por un puente que nos lleva a la isla y vemos unos árboles “vestidos” con una especie de traje de lana, justo al final de la larga pasarela, llegamos a una plaza con una enorme flor, el emblema del parque. Justo al lado hay un parque infantil, bueno llamarlo parque es quedarme corta, ya que es uno de los más bonitos que he visto.

Parque Infantil. Isla Mainau

Parque Infantil. Isla Mainau

Como anécdota comentaré que al acercarme a una de las casetas, junto a un pequeño lago artificial, me llamo la atención un ruido, al acercarme vi que era ¡¡¡¡una secadora funcionando…!!!!, era ideal. Al ir con niños es muy normal que alguno caiga al agua o se moje. ¡Era todo un detalle!. Me sorprendió gratamente.

Secadora en parque infantil. Isla Mainau

Secadora en parque infantil. Isla Mainau

Tras jugar Yaiza un rato… bueno y yo… !!!era genial!!! continuamos con nuestro paseo y nos dirigimos a una pequeña granja, donde Yaiza aprovecho para dar de comer a los animales, cosa que está permitido, de hecho hay dispensadores de comida, previo pago. Pasamos por un estanque, por numerosos jardines destacando el jardín Italiano donde abundan preciosas rosas, es impresionante. ¡Hasta encontré una con mi nombre! ¡Preciosa! Jardin Italiano. Rosa llamada "Alison". Isla Mainau

Jardin Italiano. Rosa llamada "Alison". Isla Mainau

Jardin Italiano. Rosa llamada “Alison”. Isla Mainau

Al lado se encuentra la casa de las palmeras y el castillo. Volvemos cruzando la terraza Mediterránea y recorriendo la Avenida de la Primavera observando los viñedos y disfrutando de las impresionantes vistas. Realmente vale la pena la visita. Al final tuvimos suerte con el tiempo, la tarde salió perfecta

Nota. Al atardecer los mosquitos son enormes y muy molestos. Hay que ir preparado. Nosotros llevábamos pegatinas y repelente, pero aún así alguno picaba.

Alrededor de las ocho cogimos un autobús de vuelta a Constanza donde cenamos en el centro, en un sitio típico. Después cogimos el autobús dirección al hotel a descansar…al día siguiente toca ir a Zurich.

Os dejo unas imágenes de este bonito día, sobre todo de la Isla de Mainau, ello vale más que mis palabras.